# 2. Día 1: Vuelo a Londres en Business Class. Hotel The Duke of Leinster. Winter Wonderland (Hyde Park)

La aventura comenzaba el miércoles 6 de diciembre en el vuelo de las 15:00 h de Iberia en Business Class, destino Heathrow, terminal 5. El vuelo salió bastante caro en comparación con el de Nueva York. De hecho, me costó lo mismo, a pesar de que en un primer momento no compré clase business. Esta fue una idea que me vino en el momento de sacar la tarjeta de embarque. Por sólo 66 € podía cambiar mi billete a Business Class, y me dije: ¿por qué no?. Nunca he viajado en Business Class, nunca he estado en una sala VIP del aeropuerto, ni he pasado el control de seguridad por la sala específica para la clase Business. ¿Sólo 66 € me separaban de ese privilegio? ¡Pues venga! ¡A por todas! ¡Porque yo lo valgo!. Y así fue como en un abrir y cerrar de ojos tomé la primera buena decisión de este viaje. 

Me fui con bastante tiempo de antelación al aeropuerto. La terminal 4 del aeropuerto Adolfo Suárez-Madrid Barajas es bastante grande, y se debe coger un metro una vez dentro que te conduce a las puertas de embarque de los vuelos internacionales, por lo que se pierde bastante tiempo. Además, pasar el control de pasaporte por esas máquinas que siempre fallan a la primera, y tienes que realizar al menos 3 intentos hasta que reconoce el pasaporte, te hace la foto y se abren las puertas, también te hace perder tiempo.

Mi primera gran alegría fue pasar el control de seguridad en esa sala tranquila de business class, sin gente que te empuja y mete su bandeja entre medio de tus cosas. ¡Qué alegría! Benditos 66 €...Desde allí me dirigí a la Sala VIP. Madre mía, me decía. Me siento un poco cateta, mi primera vez aquí. Hagamos como que estoy súper acostumbrada a esto y nada me impresiona, y me reía para mis adentros todo el tiempo. Desde luego, volví a agradecer el haberme decidido a invertir en este pequeño gran capricho. Sofás individuales, con mesitas, lámparas, y todo lujo para esperar tranquilamente las casi dos horas que faltaban para la salida de mi vuelo, dado que llegué bastante temprano. Un self-service con comida, bebidas y cafés a tu disposición. Te puedes pasar las dos horas comiendo si es tu gusto. Cabinas de duchas, zona infantil, restaurante...lo cierto es que mereció bastante la pena. Me gusta la tranquilidad, el silencio. Y en esta sala se respeta bastante, por lo que es un gusto alejarse de la marabunta y del ruido de afuera.


Una vez en el avión, en este caso, el asiento no es diferente al del resto, salvo que te dejan un asiento libre en medio, de tal manera que no llevas a nadie pegado a tu lado. Después, te sirven el menú. Yo ya había comido en la sala VIP, pero volví a comer, aunque en esta ocasión el menú es pequeño, más bien un aperitivo. De cualquier forma, se puede decir que no paré de comer desde que llegué al aeropuerto, y después, durante el vuelo, que fue tranquilo y sin turbulencias, afortunadamente. Un vuelo de dos horas y media y, cuando te vas a dar cuenta, ya has llegado. 



Mi mayor temor era moverme sola por el aeropuerto de Heathrow y encontrar la estación del Heathrow Express, un tren que te lleva desde el aeropuerto hasta la estación de Paddington, a tan solo 10 minutos de nuestro hotel. Costó un poco encontrarla, comencé a ejercitar mi inglés y tuve que preguntar en un par de ocasiones, pero llegué bien y sin problemas. El tren tarda unos 20 o 25 minutos hasta Paddington y allí cogí un taxi hasta nuestro hotel, The Duke of Leinster, donde ya me esperaba Ali. Un corto trayecto de 6 minutos en esos taxis que circulan por la izquierda y el conductor se encuentra a la derecha, menudo lío.

El encuentro con Ali en el hotel fue una gran alegría. ¡Qué emoción! No nos veíamos desde mayo, en nuestro viaje a Escocia, así que fue muy ilusionante. En nuestra Excel ya teníamos programado ver las luces de navidad en un bus que recorre las zonas más típicas de Londres y después, teníamos entradas para Winter Wonderland, en Hyde Park. Mi llegada al hotel se retrasó más de lo que habíamos calculado, y Ali tenía que comer algo, ya que no había probado bocado desde que salió de Glasgow en tren hasta Londres. En mi caso, no quería comer nada más, ¡menudo empacho de Business Class! No me entraba nada más en el cuerpo.

Una vez que Ali terminó su menú, que degustó en la habitación del hotel mientras nos poníamos al día, salimos rumbo a nuestro primer destino en Londres. Desechado el plan de ver la luces de navidad en bus por falta de tiempo, caminaríamos hasta Hyde Park, donde se encuentra el parque de atracciones de Navidad, el Winter Wonderland. Nuestro Hotel se encontraba al lado de Hyde Park y los Jardines de Kensington, por eso este plan estaba programado para la primera noche. Nos perdimos un poco. Ni Google Maps ni Siri nos supieron dirigir por la ruta más cercana, de modo que anduvimos a oscuras por Hyde Park, donde descubrí un enorme lago lleno de cisnes, patos, ocas...o lo que fueran, porque estaba totalmente a oscuras, y solo veíamos las luces del parque de atracciones, que parecía estar cerca, pero que nunca llegaba. Le dije a Ali que teníamos que volver de día a ese lugar, que se antojaba precioso a plena luz del día.

Finalmente, nos topamos con la puerta de Winter Wonderland. Se trata de un enorme parque de atracciones con motivos navideños que se instala en estas fechas en pleno Hyde Park. Paseamos, y lo primero que hicimos fue parar en un puesto a probar el Mulled Wine, un vino caliente con diferentes formas de presentación. 


A mí no me gusta el vino especialmente, pero siempre que voy a un sitio me gusta probar las cosas tradicionales del lugar, así que me decidí por un Mulled Wine con manzana. A decir verdad, no me agradó demasiado. Sólo pude tomarme la mitad, pero estaba calentito y tampoco venía mal, a pesar de que el frío era bastante soportable.

Una vez allí, nos encontramos con unas amigas de Ali que también estaban de viaje por Londres. Paseamos, vimos los puestos, pero yo quería montar en la noria gigante para ver Londres desde arriba.

Las amigas de Ali estaban muy cansadas y se fueron pronto, de modo que nos dirigimos a cumplir uno de mis objetivos. Había que subir a la noria sí o sí, ya que no tenía claro si tendría tiempo otro día de subir al London Eye. El paseo en la noria fue espectacular. ¡Nos encantó! Era la primera vez que subía a una noria de estas características. 10 libras el paseo, aunque mereció la pena. Divertido y con unas vistas increíbles. 



Quedaba otra cosa por hacer antes de irnos. Todo el recinto estaba lleno de puesto con botes gigantes de Nutella. Madre mía, ¡me encanta el chocolate! Quería probar  las tortitas con Nutella, así que allí que fuimos. Me supo a gloria bendita. Esa era mi cena. Después, fuimos en busca de un café con nata para Ali. 

Continuamos con el paseo, hicimos fotos, vídeos y a eso de las 21:30 h, nos empezaron a echar. Había que ir saliendo. Pusimos rumbo al hotel. Esta vez por otro camino. Una calle principal bien iluminada hasta llegar a The Duke of Leinster, nuestro agradable hotelito, ubicado en una zona tranquila y residencial que encontramos a muy buen precio. 

El primer día había llegado a su fin. La planificación para el día siguiente era súper completa y teníamos que madrugar mucho para poder ver todo lo que estaba en nuestros planes. Me fui a dormir con una gran ilusión y satisfacción. Todo había ido a las mil maravillas en el primer día y pensar en lo que iba a visitar y conocer al día siguiente me tenía ansiosa. Pero caí rendida en la cama, como una niña esperando la llegada de los reyes magos.

Buenas noches, Ali. Buenas noches, Cristil.



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