# 4. Día 3: Kensington Gardens. Natural History Museum. Victoria & Albert Museum. Sky Garden. Look Out. Regent Street. Oxford Street. Hatchards. Piccadilly Circus. Soho.
Nuestro tercer día de estancia en Londres (8 de diciembre), también venía cargadito de planes. Muchísimas cosas por ver, visitas planificadas, entradas sacadas con mucho tiempo de antelación. Para comenzar el día con energía, volvimos temprano, como el día anterior, a por nuestro desayuno hipercalórico que nos permitiría caminar por la ciudad sin desfallecer y sin perder tiempo en restaurantes.
Nuestra ruta comenzaba hoy en los Jardines de Kensington. Como nuestro hotel estaba justo al lado, nos dirigimos hacia el parque para atravesarlo de camino al Museo de Historia Natural. Lo que me encontré a esa primera hora de la mañana fue, sencillamente, encantador. La mañana era soleada y el cielo estaba azul, los rayos de sol se filtraban entre los árboles, dando un colorido entrañable a esa bucólica imagen que se abría antes nosotras. Un precioso lago lleno de cisnes, ocas, patos....¡Qué maravilla! Comencé a hacer fotos a dos manos, con mi Nikon y con mi iPhone. Quería captar la esencia de aquel lugar, que me estaba fascinando. Sin embargo, tampoco podía entretenerme demasiado haciendo fotos, puesto que teníamos entradas a las 10:00 h en el Museo de Historia Natural (también son gratuitas), y tras la experiencia del día anterior, sabíamos que debíamos llegar antes de esa hora. De modo que respiré, disfruté, hice fotos mientras caminábamos y me maravillé con todo lo que me fui encontrando a mi paso.
Caminamos por Queen's Gate. Una hermosa calle muy fotográfica que me permitió captar las mejores instantáneas del viaje por las calles de Londres, hasta llegar al Museo de Historia Natural. Otro gran museo que estaba deseando conocer.
El exterior es magnífico. Una arquitectura que impresiona. También hubo que hacer cola, pero al igual que en el British Museum, fue bastante rápida. Una vez dentro, la boca abierta mirando de un lado a otro. Del techo colgado, el famoso esqueleto de dinosaurio. Tocaba hacer fotos desde diversas perspectivas.
Yo sabía que el museo era enorme, y que también se necesitan horas y horas para verlo con tranquilidad, pero tampoco había tiempo para ello. Nos pusimos un límite de un par de horas para poder ver las salas que más nos pudieran interesar. Comenzamos por la sala de los minerales. Preciosa. La sala en sí misma, me encantó. La luz de sol entrando por las ventanas daba un aire romántico al ambiente. Y en cuanto a mineralogénesis, si te gusta, puedes disfrutar de lo lindo. Había piezas impresionantes. Desde allí, a la sala "The Vault", que contiene las mejores piedras preciosas, diamantes, gemas, absolutamente deslumbrantes.
Salimos de esta sala en busca de un plano porque el tiempo corría y debíamos planificar el resto de la visita. La sala exterior de las mariposas y el jardín estaba en obras, ¡horror! ¡menudo chasco! era una de las que más me interesaban. Así que nos fuimos a ver a los famosos dinosaurios y las salas de fauna marina, para recordar mi época de estudiante universitaria de ciencias del mar. Un enorme dinosaurio navideño decoraba una de las salas. Por supuesto, había que hacerse la foto de rigor.
Continuamos con un recorrido rápido por el resto de las salas para acabar, como no podía ser de otra manera, en la tienda del museo. Una tote bag de mariposas, imanes para la nevera, dos minerales, algo tenía que caer, como de costumbre.
Una vez fuera, cruzamos la calle para dirigirnos al otro museo previsto para hoy. El Victoria & Albert Museum. Desconocía este museo, también gratuito e igualmente fascinante y enorme. Se requieren también horas para poder verlo en su totalidad. Increíbles las dimensiones de este museo y las piezas de enorme tamaño que alberga en su interior.
Un David de Miguel Ángel a igual tamaño, o las columnas de Trajano, entre otras maravillas. Aunque lo que más me gustó de este museo fue la sala de las joyas. Yo nací para ser reina o algo similar, porque me fascinan las tiaras y las piedras preciosas. ¡Qué maravilla de joyas! La corona de zafiros y diamantes de la Reina Victoria, de 1840, me enamoró. Una obra de arte. Pero como os digo, es solo un pequeña muestra de todo lo que se puede descubrir en este gran museo.
Desde allí, teníamos que dirigirnos a nuestro siguiente destino con reserva a las 14:00 h. El Sky Garden, también gratuito. Se trata de un rascacielos al que subes a la última planta para disfrutar de unas impresionantes vistas de todo Londres. También tiene restaurantes. Tras esperar la pertinente cola, cuando finalmente subes, merece la pena. Desde luego, fantásticas vistas de toda la ciudad te permiten hacerte una idea de sus dimensiones y de todo lo que aún nos quedaba por ver. Permanecimos aquí un buen rato, disfrutando de las vistas y haciendo fotos a diestro y siniestro.
Eran alrededor de las 15:30 h y no habíamos comido aún, aunque habíamos probado los estupendos smoothies, en mi caso, y cafés, en el caso de Ali, de la famosa cadena "Joe & the Juice". Se convirtió en nuestra aliada. ¡Qué riquísimos los smoothies! El deportivo, con manzana, piña y fruta de la pasión, estaba buenísimo. Pero como decía, a eso de las 16:00 h el hambre empezó a apretar, así que al salir del Sky Garden paramos a comer en un bar tranquilo de poke bowls, donde un camarero súper simpático que sabía español y tenía amigos en Cádiz nos sirvió unas sopas riquísimas y unos bowls también deliciosos.
Nuestro siguiente destino era otro mirador, para ver la ciudad de noche. Otro descubrimiento de Ali. El Look Out, que nos dejó más impresionadas si cabe que el Sky Garden en cuanto a las vistas, ya que los cristales son corridos hasta el suelo y te puedes apoyar directamente sobre ellos, no hay obstáculos delante, ni barandillas, con lo cual disfrutas de un mayor ángulo de visión. Este lugar es poco conocido y mucho más tranquilo que el Sky Garden. Desde aquí, pudimos divisar la ciudad nocturna, con sus luces iluminando aquí y allá. Nos encantó, sin lugar a dudas.
Una vez terminamos esta visita, ya no había nada más programado en cuanto a reservas. Podíamos disfrutar de la tarde y de la noche a nuestro antojo. Nos inclinamos por realizar el trayecto en bus de la línea 139, que te lleva por las calles más emblemáticas de Londres para poder ver las luces y la decoración navideña. Mucha gente debía conocer que este autobús rojo de dos plantas realizaba este recorrido, porque conseguir subir fue una odisea de empujones y masa humana intentando entrar a presión. ¡Madre mía! Fue un poco angustioso, pero pudimos subir a la segunda planta, lo cual nos permitió visualizar los preciosos ángeles de luces, tan elegantes, recorriendo desde Trafalgar Sq, hasta Piccadilly Circus.
Nos bajamos en Oxford Street, la famosa calle de las compras y las tiendas. Caminamos, curioseamos. Disfrutamos paseando por toda la zona y nos desviamos hasta Hanover Sq, donde nos encontramos con una bonita pista de patinaje. Una estampa navideña al 100%.
Volvimos a la calle principal, donde, un poco más adelante, nos topamos con los famosos almacenes "Liberty" y entramos para curiosear. La fachada es como de madera de cuento infantil. Y el interior, como una corrala, también de madera. Supongo que debe ser bastante antiguo. Buscamos alguna cosilla para comprar, pero finalmente no nos decidimos por nada en particular.
Desde aquí, continuamos nuestro paseo hasta la famosa librería Hatchards, la auténtica y más antigua librería de Londres. Me hizo mucha ilusión, porque era un lugar de visita obligada, y no quería perdérmelo. Qué impresión entrar en la tienda y pensar que tantos famosos escritores subieron por esas escaleras y tocaron esos pasamanos. La librería es preciosa y, cómo no, dedica un rinconcito a Virginia Woolf, la cual menciona esta librería en uno de los paseos de Mrs. Dalloway. Fue muy emocionante. Me acordé mucho de esa persona que me condujo hasta Virginia. Él sabe bien la importancia de este lugar. Tomé fotos, hice vídeos, dentro, fuera, en las escaleras. ¡Estaba eufórica! y, de recuerdo, unos marcapáginas gratuitos de la librería.
A continuación, nos dirigimos a otros famosos almacenes que Ali tenía especial ilusión en ver y en enseñarme. Fortnum & Mason Plc. Podría decirse que es como una especie de Corte Inglés, con varias plantas y artículos especiales de su propia marca, como galletas, tés, pastelitos, jabones, etc. Paseamos y curioseamos cada una de las plantas, pero aquí tampoco compramos nada, porque todo lo que me gustaba era demasiado grande para mi maleta cápsula y mi mochila. Todo lo que llevara debía de ser pequeño. De modo que, después de cotillear y disfrutar viendo todos los artículos más conocidos de Fortnum, salimos a la calle.
Continuamos con nuestro paseo hasta Piccadilly Circus y calló otro smoothie de Joe & the Juice. Es cierto que recuerda a Times Square, aunque en tamaño reducido.
Paneles publicitarios luminosos, pero todo más discreto que en Nueva York, y de allí al Soho y a Carnaby Universe, para ver también las luces navideñas.
Habían pasado muchas horas y la noche se nos había echado encima. Estábamos agotadas. Llevábamos desde las 9:00 h de la mañana caminando, y eran casi las 22:00 h. Decidimos que era momento de tomar el metro de vuelta al hotel. No habíamos cenado, pero de camino al hotel teníamos un supermercado junto a Queensway, y allí compramos una cena ligera para tomar en la habitación del hotel, porque nuestro cansancio era superior al hambre.
Llegamos reventadas y exhaustas, pero muy contentas por el día tan bien aprovechado que nos había permitido disfrutar de tantas cosas. Otras vez mis cinco sentidos se habían saturado de imágenes, olores, sabores, etc. Me metí en la cama satisfecha y emocionada por el día tan fantástico que habíamos disfrutado. Y volví a sentirme agradecida y feliz. ¡Y aún quedaba un día y medio! Sin duda alguna, todo estaba saliendo a la perfección, y el día siguiente también se presentaba interesante e igualmente fascinante. Con esa sensación de felicidad, y ansiosa por otro gran evento que nos aguardaba, me quedé dormida rápidamente.
Buenas noches, Ali. Buenas noches, Cristil.
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